It’s alive!

Posted on Jul 3, 2012 in Blog | 0 comments

Hoy es uno de esos días raros. O talvez sea solo la TPM, ¿pero viste esos momentos en que tenés algún tipo de revelación? ¿Esos días en que hay algo que te llama a hacer alguna cosa que no hacés hace mil años porque no da?

Pues hoy me bañé, como todos los días. Bah, más o menos.
Todo empezó cuando salí de la ducha y me di cuenta que no me había puesto crema de enjuague. Hace poco menos de una semana que me decoloré la cabeza, por lo que no ponerme crema es garantía casi segura de terminar como un espantapájaros con albinismo. Así que tuve que volver a abrir la ducha, y se ve que mi calefón tiene bastante capacidad, porque fue recién cuando me empecé a enjuagar que noté que el hijoderemil se había apagado.
Aquí es cuando hago un paréntesis y aclaro que sin importar que el baño esté calentito y lleno de vapor, no es NADA recomendable enjuagarse la cabeza con agua fría en días de menos de 8°C.

Así que nada, me enjuagué a medias y me sequé lo mejor que pude para ir a la cocina, prender el calefón y terminar de enjuagarme en la pileta del baño. Ahí es cuando tuve mi revelación.
Recordé el secador de pelo que mi mamá me había regalado hace varios años, que un buen día decidió dejar de andar. Recordé las veces que fuimos a comprar uno nuevo, pero entre que estaban muy caros o no había, jamás lo remplazamos.
Pero algo que tampoco hicimos fue tirar el viejo.

Vio como es con los maridos, señora. Uno les pide que hagan algo y te dicen que «OK». Pasan los días, los meses, se los recordás y nada. Te ponés del orto y te tratan de histérica hasta que les recordás que por qué carajo no hicieron lo que les pediste hace meses y… te terminan dando la razón.

Así las cosas me dije «Ma’ sí, lo reviso yo misma». La verdad no sé a qué extraña brujería se le pueda atribuir, pero sin saber demasiado -por no decir nada- de reparaciones, ya van varias cosas que arreglo solo de abrirlas, chusmearlas un poco, a lo sumo limpiarlas y volverlas a cerrar. ¿Capaz sería el caso?

Sin salir del baño abrí el vanitory y agarré el bendito secador (no sin primero horrorizarme del kilombo en el interior de dicho mueble). Lo miré unos segundos y lo enchufé. Y parafraseando a la Su: «¿ESTABA VIVO?».

Bueno, no… Pero andaba.  

Así que aproveché y me sequé el pelo (lo que fue un gran error ya que ahora parezco un enorme cotonete amarillo). Y ni hace falta decir que no entiendo nada, porque hace un par de inviernos ese maldito secador dejó de andar en mis propias manos. Lo probé montones de veces y nada. Lo probó Mr. Dorima y tampoco.

Pero bueno. Cuando se disperse el cartelito de «OMGWTF?!» de encima de mi cabeza, capaz pueda regocijarme de no tener que comprarme otro secador…

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