Tutú

Ya pasaron sus buenos días y no volví a ver al gato de mis vecinos. Supongo que es buena señal.

En otros temas, estamos oficialmente en la lona. Sucede que la semana pasada finalmente logramos cambiar el auto y… pues eso, nos quedamos sin un miserable peso.

El coche nuevo es increíble. Ya me venía diciendo Don Marido que era la idea, pero pasar de un 147 a un auto pequeño, si bien de lujo, es un cambiazo.
Por lo pronto me siento mucho más segura. Que tenga airbags, cinturones de seguridad cómodamente ajustables y trabas por todos lados la verdad es que le permite a una viajar más tranquila que en un auto que por poco y no se abre con un cuchillo.

Además es muy bonito:

Una foto publicada por Antares (@antares_chan) el


Me contaron que ese color metalizado se llama «Rojo Lúcifer» y me causa un poquito de gracia.

El viejo 147 lo dimos en permuta y me sorprende un poco no extrañarlo. Últimamente ando demasiado apegada a todo. Hoy finalmente pasó el Ejército de Salvación para llevarse una valija con cortinas viejas y no puedo explicar lo que me costó largarla…
Pasa que la valija era de Dadá y toda mi infancia identifiqué esa maleta con ella. A veces hasta me daba la impresión de que cuando veía la valija -que estuvo meses en mi recibidor- podía olerla… (a mi tía, no?).
Pero así es la vida y hubo que dejarla ir. Al igual que a la tía.

Por último quisiera expresar públicamente mi preocupación hacia Doña Sisti quien, hasta donde sé, se quedó sin compu hace ya un tiempo. Debo admitir que se siente tu falta.
¡Volvé Sisti, te perdonamos!

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