Semana del mal

Esta semana viene siendo (y seguirá siendo) un suplicio. Primero que nada, porque tengo que ir al médico. No por ir al médico en sí, pero tengo buenos motivos (lo que es siempre malo) y no me puedo escapar. No hubiera sudo tan terrible si luego de haberme llamado ayer para confirmar mi turno de hoy, la secretaria del doc no me hubiera vuelto a llamar… Para pasármelo al jueves porque el doc está con fiebre. Nah, porque yo no mestoy muriendo de dolor, para qué. Otra cosa que tengo que hacer es ir al Correo Central, ya que me llegó el primero de dos paquetones de mi amigo Tom. Nada muy genial: el rubio se está mudando a Buenos Aires y como quiere que sus cosas lleguen con él, nos las manda a los amigotchis. Mi problema reside en: a) lo lejos que me queda el Correo. b) el calor que por Ley de Murphy va a hacer. c) el hecho de no deber levantar peso -motivo por el cual tengo que ir al médico- y que el paquete sea pesado. d) necesitar un carrito (debe ser lo más fácil). e) tener que ver donde dejo a Bam-bam porque mis viejos se van de vacaciones. No sé qué malabares voy a hacer (ni con cuántas drogas me vua tener que dar) pero va a salir. Y seguro la semana que viene (o la otra) lo vua tener que repetir. Sin doc por medio, espero. Pero hablamos de cosas más interesantes: como los muffins que hice este finde. Estando medio-de-cama (por esta cosa, sea lo que fuere, por la que tengo que consultar) me quedé en casa todo el finde. El sábado Mr. Dorima salió con el heredero, así que mientras me aburría como un hongo, gasté unos ingredientes que tenía hace tiempo y me mandé unos muffins. Es un hecho, después de algunas sorpresas que he tenido con ingredientes menos que frescos (gorgojos en la harina y esas cosas), no me gusta tener nada guardado en la alacena por mucho tiempo, y como no recordaba de cuando eran mis ingredientes… mejor los gasté.

 
Primera tanda enfriando

 

Segunda tanda en plena cocción

 

¡Muffinazo!

Me gustaron mucho estos porque a mi tradicional receta le agregué 100g de coco rallado (que ni sabía que tenía) aparte de algunas pocas gotitas de cocholate blanco y negro. Por último, quiero dejar evidencia chocográfica de algunas cositas del paquete de Rokko.

Estas tres variedades vinieron en bolsitas muy bonitas:

La foto es de una segunda bolsa que todavía no abro, que por lo que se ve en la transparencia trae otras variedades. 😀

Así son estas monadas sin el envoltorio. Debo decir que es la primera vez que como chocolate rosado. No sé si será por la crema blancuzca con la que está relleno (cuyo sabor no termino de dilucidar), pero no parece tener ningún sabor en especial. La parte de abajo de este chocolatín es negra (chocolate con leche). El chocolate marroncito es una combinación de chocolate negro (abajo) y con sabor a caramelo (arriba). Viene relleno con una galletita crocante. El blanco creo que es el más extraño, ya que viene con una gomita en su interior. Debo destacar que de las muchas cosas que se pueden poner en un chocolate, lo último que esperaba era una gomita. La textura no es lo más agradable, pero es muy rico. :p

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