Mal año

Este ha sido un mal año para mi estómago.
No para el estómago en sí, que anda bárbaro, pero para mi dieta más bien.

Primero, en el último mes descubrí que la frutilla, que debe ser mi fruta favorita, era una de mis principales causas de eczema. Por suerte no se trata de una alergia alimentar sino dermatológica (tocarlas me jode las manos), pero tener que manipular las frutillas con guantes o tenedor y cuchillo la verdad me sacan toda las ganas de comerlas… Fue muy triste hacer la prueba de dejar de tocarlas y que mis manos mejoraran mucho. 

Lo segundo es parte del síndrome de ovario poliquístico (otra cosa que me aqueja hace bastante) y es tener una posible resistencia a la insulina. Porque soy sincera: si bien AMO el azúcar, tampoco consumo tanto como para que mi glucemia saliera como salió.
Todavía estoy en parámetros sanos, pero la idea es mantenerme bien lejos de cualquier posible diabetes.

Lo tercero es el colesterol. Ok, ahí sí no tengo excusas. Una vez más la zafo (ningún valor realmente elevado), pero como la idea es zafarla el resto de la vida, mejor cuidarse desde ahora.
Igual, teniendo dos padres que por más dieta necesitan medicación, no me hago muchas esperanzas para mi vejez… D’oh!

Así las cosas ya bajé como un kg y medio en esta semana, que probablemente volveré a subir cuando empiece con la terapia para el quiste del mal… Quiste que resultó prácticamente tan grande como mi ovario (lo que no es ni remotamente grande, pero igual jode). 

En temas un poco más alegres, este finde cumplo un año en mi casa, y justo anoche soñé con algo más o menos relacionado. Qué puedo decir, salvo durante la infancia -cuando uno no piensa mucho en estas cosas- nunca ninguna parte fue tan hogar como el hogar.

Los dejo porque me voy a desayunar mi leche y mi manzanita.

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