Máscara reciclada de Stormtrooper

Posted on Abr 26, 2014 in Blog | 0 comments

Yo supongo que será la edad, pero la realidad es que al heredero se le ha dado por fanatiquearse con Star Wars.
¿La culpa? Del padre.  Con lo de la peli de Lego le mostró varios de los fichines de «Lego Algo» y actualmente intercala Lego Star Wars con Lego Batman. Pero para desgracia de su comiquera Má mucho no le va ni el Caballero de la Noche ni el Jóven Maravilla (los villanos ya sí).

Para la máscara de Stormtrooper que hice (y por poco no digo «MI máscara») me basé en el tutorial de Filth Wizardry, que considero muy buena fuente de tutoriales para peques geek.

Debo decir que resultó al mismo tiempo más fácil y más difícil de lo que pensaba. Siendo que habitualmente compramos, partí de dos botellones de 3 litros de jugo Citric. Cortarlos según el tutorial fue una experiencia muy curiosa ya que si bien es parecida, la forma no es tal cual la de los botellones del tutorial. Tuve que invertir más neuronas de las que esperaba. A quien quiera embarcarse en similar premisa de entrada le digo: que use cutter. TODO el proceso de corte se facilitó una barbaridad cuando dejé de mariconear tratando de usar tijeras.
Otro problema que tuve con el tutorial de Filth Wizardry es que no hubo manera de sacar la parte B de mis botellones. Después de 10 años en la facultad de diseño y considerarme bastante hábil con el cutter, no hubo forma de que quedara más o menos decente y hubo que improvisar.
Para las «orejitas» se me ocurrió usar tapas de vasitos descartables de café y usé una tercera para la «tapa de los sesos». Las que usé vinieron de Wendy’s (las de Mc Donald’s son negras y no me convencían).

Pegar la máscara tampoco fue tan fácil. Más que nada porque me quise hacer la prolija y pegar la unión principal por el revés, pero no hubo manera. Al final tampoco se nota TANTO, quiero creer.
Pegada la máscara, las tapas y hechos los agujeros de los ojos, pasé a pintar los detalles.

Ahí es cuando se me complicó: tener un solo pincel -muy chico y para colmo redondo- fue un dolor de huevo. No sean vagos como yo: vale la pena bajar a la librería por un pincel recto y/o un marcador indeleble.
Al final entre que no tenía internet para mirar imágenes de referencia (Telecentro me la cortó por 9 días) y que la forma de la máscara resultó algo diferente a la del tutorial, me tomé algunas libertades con respecto a los diseños.

¿El resultado? Al niño le encantó su máscara. Lo único -y verdaderamente molesto de la cuestión- es el tipo de plástico.

Verán, por más amor que uno le ponga la pintura acrílica se sale de cualquier golpecito. Tal vez una capa de aerosol blanco de base no le hubiera venido mal o incluso tal vez una mano de barniz transparente… Así las cosas  espero que al crío se le pase pronto el hype.
Total, ni bien le terminé esta máscara, ya me estaba pidiendo la de Boba Fett…
Condorito hubiera hecho ¡PLOP!

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