1,21 jigowatts

Posted on Ene 19, 2011 in Blog | 0 comments

Ayer fuimos a ver Volver al Futuro al cine. Fue muy loco volver a ver a Leo después de ni siquiera sé cuánto tiempo. Más de un año seguro, porque la última vez que lo vi todavía vivíamos en Varela.
Fue agradable verlo, se lo veía bien y contento. Él dijo que engordó no sé cuántos kilos desde la última vez que lo vi, pero la verdad es que le sientan muy bien. ¿Quién le mandaba ser tan alto y flacucho? ;P

Volver al Futuro estuvo tan buena como la primera vez que fui a verla al cine. Tenía yo por ese entonces alrededor de 4 añitos, y obviamente esta vuelta la entendí mejor. Y tampoco me asusté cuando los libios tirotearon al Doc Brown.
Estuvo buena la remasterización. Se veían todos los pifies. xD
Lo que estuvo medio molesto fue que los de CineMark le dieron con todo al volumen. Durante los créditos del final había que gritar si uno pretendía charlotear con el que tenía al lado…
Lo único realmente hinchapelotas fue el subtítulo, donde brillaron cosas como «jigowatts» y «oye, chamaco».

En otros temas, esta noche soñé varias cosas locas, muchas de ellas restos diurnos. Así las cosas esta noche me encontré con varios gatos persa altamente inteligentes (en HP estoy en la parte que Ron jura que Crookshanks se comió a Scabbers) y que algo parecido a un Hipogrifo me clavaba las garras en la espalda (pasa que dormí en una cama a la que no estoy acostumbrada).
Anoche me pasó algo similar, ya que soñé -ni más ni menos- con Volver al Futuro. Estaba yo con el Doc Brown en mi habitación en el dpto de Sta Fe (que es muy similar a mi habitación actual) y Facu nos tiroteaba desde la calle. Curiosamente, Facu en ese sueño tenía el pelo corto, como en unas fotos que vi hace poco.

Recientemente, y coincidiendo con el viaje a Brasil, mi Má quiso revisar todas las cosas de Dadá, a ver qué podía llevarles a los parientes de Brasil. Ya pasó bastante desde la muerte de Dadá (el pasado Mayo) y era buena hora de terminar de dejarla ir (una de las cosas que pretendemos llevar son justamente sus cenizas).
Revisamos todas sus pertenencias, pero la que más me sorprendió fue una cajita que contenía una gran cantidad de dibujitos, origamis y tarjetitas, todas cosas que durante mi infancia iba haciendo y le iba regalando. No sé hasta que punto Dadá estuviera al tanto de los contenidos de la cajita, pero es conmovedora la manera en que los guardó hasta el final. 
Curiosamente, ayer mi Má preparó la cama de Dadá para que yo durmiera en ella y Bam-bam dijo algo como «Chau Dadá». A veces me entristece un poco pensar lo poco que se conocieron.
Sé que se hubieran llevado muy bien.

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