Días de mierda

¿Para qué negarlo? Los últimos días tuvieron varios aspectos muy de mierda. Pasemos a comentar:

Siendo que el domingo festejábamos el cumple de Bam-bam, hubo bastante que hacer, desde invitar gente hasta limpiar y cocinar. Lógicamente la casa estaba IN-fuckin’-MUNDA. No biggie en realidad, pero fue trabajoso.
El sábado me tocó hacer una parva de muffins para el festejo. Muffins que obviamente nos morfamos ese mismo sábado, porque salieron increíbles.

Celebración va, parentela viene, morfi, charla, etc. La reunión estuvo buena, pero terminamos agotadísimos. 9 bolsas de basura sacamos esa noche.Así que el domingo, entre las últimas compras, meta a hacer más muffins. ¿Y no es que mientras fileteaba manzana en una de esas me fileteo la uña y un cachito mi preciado dedo medio? Ay, la puta que me parió…

Encima ni siquiera fue con cuchillo, sino fue un perfecto corte de mandolina bien afilada, de esos que tal cual gillette te hacen sangrar de lo lindo.
Me puse azúcar, me puse hielo, levanté la mano y recién como a los 20 minutos el condenado dejó de sangrar.
Facu me decía «Te desconozco», ya que aparentemente soy «una de las personas con más pelotas» que conoce y la idea de sentirme mal de la impresión mucho conmigo no va… Pero este tipo de accidente no va bien con el estómago vacío y la presión se me fue al piso. Recién cuando comí pude -dedo mocho aparte- retomar mis tareas muffineras sin la impresión de que me iba a desmayar.
Y no, no hubo muffins caníbales. El cachito de dedo lo encontró Facu después. Yo lo había confundido con un pedacito de manzana. 😛

Ya hoy vino el plomero/gasista para poner el calefón nuevo. Entre la mañana que hizo el presupuesto, y la tardecita que empezó el arreglo, con Bam-bam estuvimos ni más ni menos que en el hospital.
Desde mi pieza solo escuché un ruido fuerte y el llanto posterior. Fue al living y lo vi tendido de una manera que evidenciaba que:
– Se subió donde no debía.
– Se mató.

 

 

 

Fui a hacer la típica «yayanofuenada» cuando vi enorme charco de sangre en el piso y varios salpicones en la pared.
Dejamos un caminito rojo hasta el baño, donde costó descubrir que el tajo era grande y que nos íbamos a tener que ir al hospital.
Un genio el caballerito, que mientras yo me arreglaba (porque por poco no estaba en piyama) se quedó sentadito agarrándose una toalla a la cabeza.
La experiencia en el hospital fue bastante «normal», ya que -mal que me pese- no es la primera vez que el brutito se me accidenta. Después de haberlo visto todo ensangrentado un par de veces, ya estoy curada de espanto.
Ya me lo comentaba mi Má, lo loco que resulta que el crío trepe casi 3 metros de caño todos los días, pero se rompa la cabeza por caer 20 cm de altura…

Por suerte la remera del día pinta ser bastante sintética y tengo fe que la sangre se va a lavar bien. No como las veces anteriores, que fueron varios lavados (y bastante Vanish) hasta que las manchas aflojaron.

O talvez la guarde un tiempo más así la puede usar en el Zombie Walk de este año, y que el disfraz sea de lo más fiel.

Al menos no es blanca, como la remera de Facu que se arruinó hace aproximadamente un año en un accidente similar.

Para colmo, el plomero tampoco pudo terminar el arreglo y hasta mañana estaremos sin agua caliente, lo que los complica bastante eso de sacarnos la peste a guardia de hospital, ya que sangre + agua oxigenada + pervinox = peste de mil demonios.
Yo por mi parte creo que me voy a terminar te limpiar los gotones de sangre de la casa antes de que venga Grissom con el Luminol, ya que hace poco me di cuenta que el charco principal todavía seguía fresco.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × 4 =