Fe en los medios: restaurada

Escrito en Jun 3, 2013 bajo Blog | Sin Comentarios

Resulta que hace unas semanas mi teléfono empezó a andar mal. Que se reiniciaba, que informaba mal la carga de la batería, un desastre.
Me tomó una semana (y un intercambio de batería con Mr. Dorima) notar que mi batería estaba inflada. ¡Con razón andaba para atrás la cosa!
Entre que me queda super lejos y el feriado del otro sábado, estuve otras dos semanas para ir al Samsung Store a comprar la batería de repuesto. Ni hablar de no tener muchos datos del local, ya que no tiene ni web (Samsung: de onda pero estamos a 2013: ¿Cómo no vas a tener una puta web de tu puto local?).

Puteadas a Samsung aparte, el sábado fui al local y más ganas tuve de putear al empleado cuando me dijo que no vendían baterías. Creo no haber usado la palabra “carajo” cuando le pregunté dónde se conseguir la batería, pero ganas no me faltaron. Insisto Samsung: Vendés el celular, la funda, los auriculares y toda la perorata ¿Qué corno te impide venderme la batería? Cuestiones de espacio que no va a ser…

Así las cosas, me fui con Mr. Dorima a recorrer la zona de Cabildo y Juramento, a ver si en alguno de los localcetes de fundas y demás parafernalia tendrían una bendita batería. Eventualmente dimos con un lugar donde había, pero eso no fue lo más importante del día.
Estábamos aun recorriendo galerías con Mr. Dorima cuando noté que abajo de un escalón había una billetera. Si yo estaba mal por lo de mi batería esto me puso aun peor, ya que se trataba de los restos del botín de algún punga.
Una vez en casa me puse a investigar bien los contenidos de la billetera. Entre tanta cosa ALGUNA forma de dar con la dueña tenía que haber. Ahí encontré, entre muchos documentos, un recibo que indicaba las pocas horas que hubo entre su última compra, el robo y el momento en que encontré la billetera. Lo más irónico de todo fue encontrar una moneda de 1 peso que el punga por algún motivo obvió. Y así fue como con la cédula, la tarjeta de débito, de la obra social (suya y del que calculo que sea el hijo), me aventuré en las interwebs a buscar a la dueña de la billetera.

Lo primero fue Facebook: El tema fue el nombre (bastante genérico), que me tiró una cantidad absurda de personas para investigar, y yo armada solo con la cédula para comparar. Encontré una posible coincidencia, pero no posteaba nada desde Abril, más o menos. Aun así le dejé un mensaje.
Lo segundo fueron las Páginas Blancas, pero me tiró que la dirección no existía.
Lo tercero fue Perdí mi Documento (web que desde que la usé dejó de existir), una paginucha con un inmenso potencial cuya existencia desconocía. Dejé ahí los datos necesarios y mi contacto.

La verdad es que para haber usado 3 medios diferentes, los resultados no fueron nada buenos…
Hoy Lunes agarré la tarjeta de débito y llamé al banco. Obviaré lo imposible que es que te atiendan un llamado en un banco, así que cuando finalmente logré comunicarme me informaron que llevara todo a la sucursal más cercana que ellos se contactaban con la dueña. “Peor es nada” pensé, y como hay una sucursal cerca de casa, ahí me fui.

En el banco me senté con una empleada que fue muy amable y hasta que me hubiera dado el teléfono de la dueña… si no fuera porque no figuraba en la base de datos. Al ser una cuenta destinada al sueldo esa información no la tenían (¡?). Lo que sí, me dio los teléfonos de la sucursal emisora (en Los Polvorines), a ver si me podían facilitar el teléfono del trabajo de la dueña, quien aparentemente sería maestra en Grand Bourg.

…Ni decir que de la sucursal jamás me atendieron, así que probé comunicarme con la obra social.
Conectarme con la obra social fue similar a llamar al banco, salvo que un buen día me atendieron. No me dieron ningún dato (lo que yo esperaba en un principio del banco), pero tomaron los míos para comunicarse de mi parte con la dueña.

¿…Que cuántas formas diferentes probé hasta ahora? Creo que ya perdí la cuenta.

Supongo que podría haber parado ahí, salvo el detalle de que soy muy impaciente como para limitarme a sentarme y esperar que me llamen. Ni hablar de confiar en una telefonista (todo bien telefonistas, pero Uds. saben como se manejan).  Así que probé nuevamente en las Páginas Blancas. Esta vez amplié la búsqueda a solo el “apellido” de la calle (otro nombre bastante genérico) y me tiró una respuesta. Una con el mismo apellido de la persona que buscaba. ¿Yay?

Y llamé. Al principio la persona que me atendió (calculo que la mamá de la dueña) me atendió con una mezcla de confusión y sospecha. Le conté un poco de esta perorata y cuando le dije de los documentos que tenía en mi poder se puso muy contenta. Le di mis teléfonos y solo resta que la dueña me llame y arreglemos para que pase a buscar sus cosas.  Supongo que será muy pronto para el final feliz, pero al menos la peor parte ya pasó. Lamentablemente esta persona  no va a recuperar su plata, pero al menos va a zafar de hacerse otra cédula (siendo que esta solo tiene 3 meses), tarjeta de débito (si no la dio de baja), tarjetas de la obra social, etc, aparte de recuperar sus efectos personales.

Así las cosas yo también me pongo muy contenta. Porque los medios no me hayan fallado y haber podido dar con esta persona. Por los trámites que se ahorró y por todas las alternativas que tuve; aunque la batería se me haya roto y Samsung me haya cagado. Será que es como dicen por ahí : “No hay mal que por bien no venga”.

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