De plazas y madres

Escrito en Oct 20, 2011 bajo Blog | Sin Comentarios

Desde que Mini falleció que no nos da para quedarnos mucho en la casa de mi Má.
Supongo que es la peor parte del luto, todavía no acostumbrarse a tener la casa vacía. Mirar el tapete en el rincón y que no esté la Gorda acostada, ir al baño sin tener que tropezarse con sus piedritas… Y ya no poder charlarle para que te responda con su maullidito roto. T__T


Así las cosas, vamos más seguido a la plaza. El heredero más que contento.
De esta forma tomé la costumbre de mirar, no tanto a los críos jugando, sino a las madres (padres, tíos, abuelos) que acompañan a los críos, y notar lo curiosa que es esta particular fauna.

Los que más curiosidad me causan son lo que les sacan mil fotos a los críos, sin importar mucho la circunstancia.
Calculo que se tratarán de padres primerizos (por lo general se trata de chicos más bien chiquitos) porque convengamos ¿cuántas fotos se puede tener de un crío en el tobogán? Lo que me resulta más loco es que estos padres casi siempre los he visto acompañados de algún séquito. Siempre hay una abuela, tía o amiga de la madre que se prende, y suelen hacer un bullicio más esperable de los niños que de los grandes (ni hablar de lo que acaparan los juegos).
Cada vez que veo especímenes como estos, no puedo evitar pensar que debe ser la primera vez que sacan al crío a la plaza. Solo eso puede justificar la cantidad de fotos…

Después están los acompañantes hinchapelotas (suelen ser madres, pero los hay de todo tipo). Esos que a pesar de llevar a los chicos a la plaza -obviamente para que se gasten las pilas- no les dejan hacer nada. Que no corran, que no se ensucien, que no griten…
Estos son los que menos entiendo. ¿Es que hay algo mejor que un lugar donde se puede largar a los críos y solo tener que levantar la vista con una frecuencia inversamente proporcional a la edad del crío? Después se quejan que los enanos hinchan las pelotas, pero en uno de los pocos lugares donde uno puede casi que olvidarse, no los dejan en paz.

Por último están las madres/abuelas pegote, que tienen que estar siempre atrás del enano para… erm… en realidad ni idea, porque si los ves ni siquiera es porque el enano se porta mal.
Esta semana me tocó ver un grupo muy gracioso de madres de este tipo. Se trataban de 3 varoncitos del mismo tamaño que el heredero, que con Bam-bam decidieron subirse todos al tobogán, al mismo tiempo y de las más estrafalarias maneras.
Chusmeando desde lejos, hasta yo tuve que admitir que parecía entretenido. …Salvo que la madre n° 1 se la pasaba con la manito atrás del niño n°1, la madre n°2 insistía que su respectivo niño se bajara porque eran muchos en el tobogán, y la madre n°3 se la pasaba rondando como una mosca.
Al instante al niño n°2 le da terrible pataleta porque no quería que su madre lo estuviera agarrando todo el tiempo. Pataleta justificada, a mi parecer.

Madre:
Si tu niño tiene la fuerza y la habilidad para subirse, puede jugar por sus medios en cualquier juego de plaza. Si se cae, lo más probable es que se levante, se sacuda la arena (opcional) y siga jugando. Regocíjate: tu niño acaba de aprender una nueva manera de no partirse el alma. En el peor de los casos tendrás que salir en taxi a la guardia. Recuerda: un par de puntos en la cabeza no es la muerte de nadie y el griterío de tu niño será directamente proporcional a tu desesperación.
Si tu niño está haciendo amigos e influenciando gente, lo último que necesita es que estés revolotéandole alrededor. Siéntate y disfruta una revista, mira los pajaritos, cébate un mate. Después te quejas de que no tienes tiempo ni para pensar.
Cuando el niño se suba a un juego alto y empiece a chillar “MAMÁMIRÁMAMÁ” levanta tu mirada y salúdalo con la mano y una sonrisa. Vas a ver que luego de 5-10 repeticiones (cantidad variable) se va a hacer cualquier otra cosa. Gritarle para que no moleste solo hace que el número de repeticiones aumente de manera exponencial.

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