Varicela de grande

Escrito en Nov 24, 2015 bajo Blog | Sin Comentarios

Todo comenzó hace unos meses, cuando en todas partes (en que hubiera pibes) empezaron a informar casos de varicela. Que los colegios, los talleres infantiles, los clubes… Al ver la incidencia me pregunté cuánto tardaría en alcanzarnos.
La respuesta me llegó hace unas 3 semanas, cuando Bam-bam volvió de sus talleres vespertinos con una muy mala cara que pronto se tradujo en una fiebre más alta que lo normal. No tardé mucho en atar los cabos y a la mañana siguiente, cuando fui a buscarle las vesículas típicas de la varicela, las encontré. Al médico lo llamé por las burocracias de los certificados, pero el diagnóstico inicial lo hice yo (ni que fuera tan complicado, realmente).

La varicela de Bam-bam se cursó tranquilamente y una de las pocas preguntas que le hice al médico fue qué medidas profilácticas debía tomar ya que a diferencia de la gran mayoría, yo no tuve varicela de chica. El pediatra me explicó que  85% de la gente que dice no haberla tenido en realidad sí la tuvo y que si me preocupaba mucho que viera un clínico y me vacunara. El tema de la vacuna es que debía darse en las 72 hs al brote del heredero (ya llevábamos 24 pasadas) y el máximo de beneficio que me daría sería una versión atenuada de la peste en cuestión.

Lo pensé bastante. Y mi conclusión fue que no valía la pena correr para conseguir un médico que estuviera dispuesto a vacunarme si la varicela la iba a tener de todas formas. Aparte, en adultos se suele recetar aciclovyr para atenuar los síntomas. Entre correr para atenuar y atenuar sin correr, me pareció mejor quedarme a apapachar al crío. ¿Capaz hasta tenía suerte y no me contagiaba? ¿Capaz ya la hubiera tenido de manera asintomática y ya tenía anticuerpos? Me pareció que valía la pena correr el riesgo.

Mi equivocación se empezó a sentir a los 13 días después del contagio del crío. El primer día tuve cansancio y dolores en el cuerpo. Lo atribuí a que había dormido mal.
El segundo día el malestar fue peor (dormí TODO el día). Sospeché que me estaría “agarrando algo”, pero como no tenía fiebre no le di demasiada bola.
A la mañana del tercer día me encontré una vesiculita en la punta del dedo índice y todo tuvo sentido. El tema es que ningún médico me recetaría aciclovyr con UNA (1) miserable vesícula, para colmo en una zona donde no suelen darse.  Me mataba la paradoja de tener que esperar a presentar más síntomas para confirmar el diagnóstico y que me mediquen para paliar dichos síntomas. A la noche me habían salido un par de manchitas rosadas que apenas si picaban.
A la mañana del cuarto día ya tenía 2 o 3 vesículas bien formadas (entre varias otras manchitas rosadas) y finalmente llamé al médico.  El doc no se mostró del todo convencido, pero se guió por el antecedente de Bam-bam. Me recetó 800 mg de aciclovyr cada 5 horas y si bien me indicó quedarme adentro, no me dejó zafar de ir a votar. Para esa tarde ya tenía más vesículas formadas y hasta algunas costras. La cosa se ponía bien picosa.
A la noche del quinto día la picazón empezó a ceder, aunque todavía molestaba. Las vesículas -que ya no salían más en la piel- decidieron mudarse a mi boca y garganta. La gente me dice qué “qué molesto”, pero yo lo prefiero antes que la picazón en la piel.
El día 6 de mi varicela fue el domingo de los comicios. Prácticamente no me picaba nada, pero me preocupó un poco salir y contagiar a alguien. Con un poco de base las costritas de mi cara pasaban por acné.
El día 7 casi muero de embole. Una cosa es tener una semana guardada, pero yo ya venía de la semana de Bam-bam: fue doble aburrición para alguien que supo acostumbrarse a ejercitar seguido e ir y venir a mil lugares todos los días.

Hoy es mi día 8 y desde ayer se me vienen cayendo las costras. Doy por terminado mi brote llegando a la conclusión de que a pesar de no haber estado vacunada y haberla agarrado de grande, la saqué MUY barata. Primero porque jamás tuve fiebre. Me puse a contar las costras y la cantidad de vesículas que tuve está más cerca de alguien vacunado que un adulto sin vacunar. Leí que se estima que un vacunado presente unas 50 mientras alguien sin vacunar unas 250-500.
Por último mis lesiones fueron como que ¿muy pequeñitas? Ninguna de las que tuve se acercó ni remotamente al tamaño y severidad de las que tuvo Bam-bam. De hecho traté de fotografiarlas en más de un momento y apenas se veían en las fotos.
Confío en que no me vayan a quedar cicatrices. Y si así fuera, una raya más no le va a joder a este tigre. 

 

Día 5: Sí, tengo bastante Photowonder. De otra manera no salían las manchas.
...Y sí, aunque sea me hubiera peinado.

Un paréntesis que debo hacer es sobre lo molestas que pueden ser algunas vesículas y la máxima de no rascarse ni tocarse por riesgo a quedar con cicatrices. Es importante no hacerlo para no terminar con infecciones cutáneas, pero confieso que no lo seguí al pie de la letra. De hecho, tuve dos o tres vesículas en la cara que me molestaron muchísimo… hasta el momento en que me armé de coraje y decidí drenarlas.
Cabe destacar que estas pocas lesiones drenadas fueron de las primeras en curarse completamente, dejando apenas un color rosadito como secuela (que calculo desaparecerá con el tiempo).
Si bien no es para todos, es posible si se tiene buen cuidado con la asepsia. Yo perforé las vesículas (ya completamente formadas) con un punzón esterilizado y las drené con suma delicadeza aplicando crema con corticoides (betametasona al 0,1%) a cada oportunidad que tuviera.
De cierta manera me arrepiento de no haber hecho esto en todas las vesículas de mi cara. Si bien en total fueron pocas, las peores ni han dejado marcas en comparación a las que dejé en paz por tener mejor estado.

 

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