Fruncido

Escrito en Ago 17, 2012 bajo Blog | Sin Comentarios

…Pero nada relacionado con la costura…

Ayer fue uno de aquellos días de como 30 horas. Por muchas razones (siendo una de ellas mi propia estupidez, pero bueh). Paso a relatar.

Como toda la semana, me levanto temprano para mandar al niño a la escuela. Como Don Marido tenía un trámite que hacer, lo llevé yo. No biggie.
Al rato de volver de la escuela, vuelve también Don Marido… con el gato de los vecinos en brazos. Al parecer lo había encontrado en la calle, casi en medio de la avenida.

Esta vuelta el gato no se quedó tan pancho como de costumbre. Al principio me pareció que le molestaba el ruido del calefón, pero al rato me di cuenta que en realidad la ansiedad se la causó el hecho de que Don Mario entrara a bañarse. Cosas de gatas…

Más o menos a la hora salimos, y aprovechamos para tratar de meter al minino por la ventana que da a la calle. Por suerte tocamos timbre antes, y esta vuelta había quien atendiera. Problema resuelto.

Al mediodía fui a buscar al crío al cole y pronto me enteré que andaba con dolores de panza, de lo cual ya se había quejado el día anterior.
Es algo muy cómodo -para mí- que tiene Bam-bam. Con tanto revoltijo que ha sabido hacer con respecto al sueño, es tan simple verlo dormir fuera de hora (léase: cualquier momento que no sea la noche) para saber que no está bien.
Así las cosas, ayer hizo una siesta de 3 horas y media, y al levantarse seguía con dolor. Así estuvo varias horas más, hasta que dije basta y decidí que había que ir a la guardia.

Llamé a Don Marido para que se escapara del trabajo y nos llevara. En el medio se me dio por darle un baño al niño, a ver si se me relajaba un poco. Esto funcionó mejor de lo esperado ya que se le relajó la pancita y lo que le jorobaba pudo “pasar” (por no ser demasiado explícita). Y zafamos de ir a la guardia, yay.

En medio de todo esto recibí un mensaje de mi amigote Lalalo, quien me pidió si podía desbloquearle un celular mañana, que viene a visitarnos. Durante la siesta del heredero me había puesto a bajar aplicaciones y otras cosas necesarias, así que ya a la noche y toda embalada se me dio por toquetear el celular de Don Marido, que hace tiempo venía mal.

Digo “venía mal” porque Android es bueno, pero algunos ROMs no son demasiado estables, otros se van rompiendo con el tiempo y otros -posiblemente los mejores- necesitan algo de mantenimiento. Ni bien lo compró (en Claro) el celu de Don Marido estaba flamante: andaba rápido, nunca un cuelgue… Pero ya hace un tiempo perdió la capacidad de actualizar las apps y en ciertos lugares el teléfono simplemente se taraba.
Al tratarse de un procedimiento tan simple que es rayano a lo estúpido, decidí rootearle el fono. Hecho esto, tuve los permisos para sacarle el bloatware, que bastante memoria le usaba.
¿El problema? O terminé de romper el ROM o borré algo que no debía y maté la aplicación com.android.phone, que no solo tira un cartel insoportable incesantemente, sino que te deja con un teléfono… sin teléfono.
Probé con mil soluciones y cuando nada sirvió… hubo que hacerle un factory reset, lo que ameritó importante backup. El tema es que esto tampoco funcionó ya que el fono no tenía ni recovery… Así que me arremangué toda y me dediqué a flashearlo de punta a punta.
Al menos ahora las cosas son fáciles y un montón de flasheos se pueden hacer tan fácilmente como instalando aplicaciones, como en este caso con ClockworkMod. recuerdo cuando flasheé mi Spica hace menos de dos años, que tuve que instalar programas, drivers, seguir interminables guías y rezarle al Odin… ¡Ahora es un chiste!

Las cuestiones más complicadas -o más bien: hinchapelotas- del proceso fueron hacer los backups (y olvidarse de algunos), pasar archivos y por último, elegir el ROM nuevo. Con todas las cosas que les ponen y les sacan, hay que leer mucho para comprobar que sean estables y ande todo lo que tiene que andar. Ni hablar la oferta de ROMs que hay en las interwebs… Después me preguntan por qué odio los productos con iOS. Preciosa interface, pero para mí no hay nada como el software libre y la posibilidad de cocinar un ROM a tu medida. Ni hablar de sacarle el jugo a equipos viejos, pero principalmente: baratos.
Por ejemplo mi lindo Spica, que es un teléfono de dos mangos: Si no tengo un ROM nuevo es porque el actual es super estable. Creo que hace como un año que no cambio de ROM, y si no anda como el primer día, es solo cuestión de limpiar un poco.

Así que me quedé hasta casi las 4 de la mañana, pero el fono quedó flamante.

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