Primavera en invierno

Escrito en Jul 16, 2012 bajo Blog | 1 comentario

No, no se trata del clima (que sigue tan helado como siempre). Se trata de ciertas limpiezas que empecé ayer.
Ayer me levanté, doblé ropa, lavé un tanto más (lo que incluye colgarla) y me puse a revisar las cosas del heredero. Lo primero fue sacar de su armario mucha ropa que ya no le entra. Lo siguiente fue revisar sus juguetes.
Mi política con Bam-bam es similar a la de mis viejos conmigo: me meto lo mínimo posible con sus pertenencias. Las únicas excepciones que tengo son con la ropa (que recién ahora empieza a considerar propia) y los juguetes rotos.


A medida que fui creciendo y conociendo gente, me di cuenta del poco respeto que tienen ciertos padres con las pertenencias de sus hijos. Chicos (cuando no adultos) que un día van a buscar algo y al preguntarle a la madre, les dice que lo tiraron. Y vuelan los platos. 


Poco después de que naciera Bam-bam me tocó vivirlo con una de mis cuñadas, que le regalaba los viejos juguetes de su niño… a escondidas. Al preguntarle por qué hacía eso me respondió que si mi sobrino veía sus viejos juguetes, no iba a querer darlos. 
Y yo quise palmearme la frente y gritarle de todo. Decidir sobre las pertenencias de otros sin siquiera consultarles es robarles.  

La realidad es que no supe salirme de la situación a tiempo, y nada me da más culpa que haber aceptado -en nombre de Bam-bam- esos juguetes manchados de lágrimas. Para colmo, hace un tiempo esa misma cuñada me comentó de pasarle dichos juguetes a otra sobrina.
No dije nada y me hice la boluda.

Honestamente no entiendo qué tienen ciertas madres (y padres, no es excluyente) para decretar que sus hijos no tienen derecho a la propiedad. ¿Es que nunca se encariñaron con un juguete? ¿Nunca les dio celos cuando venía alguien más y jugaba con sus cosas? ¿Si alguien se robaba o rompía un chiche, no era para llorar y querer morirse? Ni hablar de esa hermosa nostalgia de “rotar” chiches, con otros que estaban guardados, aunque fueran para chicos mucho más chicos que uno.
Aparte ¿quién es la mamá para decidir si uno puede encariñarse con algo? Más recientemente aun, también supe de cierta remerita de Superman que mi cuñada le pasó a Bam-bam -también a escondidas- porque su niño se había encariñado y no quería largarla a pesar de no entrarle más.

Así las cosas me siento muy estúpida y cómplice. De haber sabido que estos “pasajes” (generalmente de ropa) iban a incluir despojar a mi sobrino cosas que le gustan, jamás hubiera aceptado.
Por este motivo cada vez que hay que hacerle un regalo, nos esforzarnos en darle algo que no solo le vaya a gustar sino que -principalmente- mi cuñada no vaya a querer expropiarle. 

Y la verdad es que no lo entiendo. ¿Por qué alguien le haría algo así a su hijo? No me puedo imaginar otro motivo que no sea la falta de espacio, porque ¿caridad? No hay nada más lejano.
Porque la caridad es una cosa muy compleja, que no se puede pretender que un chico entienda. Ni siquiera se puede esperar de muchos adultos… Ni siquiera es algo que se aprenda “por costumbre” o “con el ejemplo”. A lo sumo se aprenderá a no tomarle cariño a nada, porque en algún momento te lo van a quitar o obligar a ceder. 
Y no sé el resto, pero eso me parece tamaña injusticia. ¿Qué tipo de relación con los objetos podés desarrollar si jamás te dejan poseer nada?

Recientemente conocí el caso de una amiga que de chica supo ser “army brat”, cuya familia tenía algo que llamaban “la regla de los 10 juguetes”. Como cada tanto transferían a su papá y tenían que mudarse, tanto ella como sus hermanos tenían ese límite.
Y la verdad no sé, pero no me imagino que los padres fueran a tener algún límite similar…

Bam-bam está por cumplir 5 y la realidad es que desde que descubrió los videojuegos mucha bola no le da a sus juguetes. Pero aun así, cada tanto los ve y juega con algo. Si encuentra un chupete va y lo usa (previo lavado, claro).
No creo ser quien para negarle la nostalgia de reencontrar sus cosas solo por cuestiones estadísticas. Y tampoco me parece correcto consultarle (la única salida honorable al tema), siendo que es algo que requiere una madurez que no puedo esperar de muchos adultos.
Ya veremos cuando se nos acabe el espacio. 

Por último quisiera destacar que si bien es más mi estilo tampoco soy de promover lo contrario: el apegarse demasiado a las cosas. Así todo, lo único -ajeno- de lo que dispongo es lo que está irremediablemente roto, sucio o de alguna manera resulta enfermizo conservar.
Pero aun así, jamás será sin avisar.

1 comentario

  1. la verdad que nunca lo había visto de esta forma..es que mis viejos fueron siempre de guardar TODO! y creo que les salí mal porque apenas fui grande los obligué a que tiraran mis cuadernos de primaria y regalé miles de peluches xD pero bueno, yo ahora tiro todo lo que no sirve porque siento que sino lo que sirve no lo uso xD pero si he visto como las madres tiran las cosas de los hijos sin consultar y tengo el presentimiento de que si sigo asi de tirar lo que no sirve voy a ser asi haha xD pero ahora me hiciste reflexionar!

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